jueves, 22 de enero de 2009


El príncipe y la princesa jugaban,reían,hablaban y se amaban sin desatender, por ello,sus estudios.Siempre que estaban separadoslos días parecían interminables, pero una vez juntos los días eran demasiados cortos.Una tarde, a primeros de junio, la princesa se graduó y el príncipe ganó su corazón para siempre ya que ella aceptó convertirse en su esposa.El príncipe era su luz, su razón de ser.Así, todas las mañanas, se levantaba temprano y se sentaba a su lado para compartir con él el desayuno a base de harina de avena caliente con canela y uvas pasas o de tortitas de manteca con dulce de moras y frambuesas recién cogidas.Luego,cuando creía que no le estaba mirando, escribía en secreto"te quiero" con tinta roja en una servilleta y la colocaba en la bolsa de la comida que el príncipe se llevaba todos los días.Con un beso, un cálido abrazo y un " que tengas un buen día, amor mío", le mandaba a trabajar a la Embajada Real.La vida con el príncipe era tal y como la princesa había deseado e incluso mejor...

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